Dr. Gonzalez Rivas_2

“Tras discutirlo con mi equipo hemos decidido que sus pulmones están demasiado delicados como para que se pueda considerar una cirugía; no hay nada que hacer”. Estas palabras retumban una y otra vez en mi cabeza. ¿Cuánto me queda? ¿Cómo se lo voy a decir a mi familia? No quiero morir. La desesperación y el miedo que hasta ahora he conseguido tener controlados se apoderan de mí. Y de pronto, mi amiga Eva me manda un WhatsApp: “Hello Dear! he leído este artículo y creo que te va a interesar”.

Y tenía razón. Busco frenéticamente en internet a ver que encuentro, y allí esta: el Dr. Diego González Rivas haciendo algo que se llama “Uniportal VATS”. Este cirujano va por el mundo quitando tumores de pulmón en condiciones extremadamente complicadas gracias a que, tras muchas horas de dedicación, ha conseguido hacer lo impensable a través de una pequeña incisión entre las costillas, y según dicen, apenas sin dolor.

Le escribo vía LinkedIn a las 17,14 el día 15 de diciembre sin mucha esperanza; él es una eminencia y yo no soy nadie importante. Para mi sorpresa, a las 17,48 me contesta que le gustaría ver las pruebas de función respiratoria. Le adjunto todo lo que me pide y a las 18,09 su respuesta: “Yo creo que se puede operar con una cirugía mínimamente invasiva, incisión de 2-3 cm y sin intubación; le voy a echar un vistazo con mi equipo”. No quiero hacerme ilusiones porque ya me han rechazado en otros hospitales y soy consciente de las complicaciones de mi caso. No puedo dormir, últimamente mis noches se hacen eternas. Al día siguiente me llama desde el Shanghai Pulmonary Hospital: “es operable; es complicado debido a tu enfisema y tu EPOC, pero tengo experiencia en este tipo de casos… en unos días voy de vacaciones de Navidad a Coruña y te operare allí con mi equipo”.

¿De verdad este cirujano me va a operar? ¿Será un Quijote luchando contra molinos? Mi sorpresa es mayor cuando veo a un chico demasiado joven para ser el Dr. González Rivas. Su corta edad sugiere que el brazo robótico con el que opera en sus vídeos de YouTube es el de un chiquillo jugando con su joystick y, sin embargo, todo cambia en una milésima de segundo; su mirada es serena y profunda, sus ojos transmiten el control, la maestría y la tranquilidad de un hombre tras 800 operaciones al año y su sonrisa es apacible y sincera. Junto a él está el Dr. César Bonome, el mejor anestesista del mundo; ninguno de los dos sale de mi habitación hasta que no se han asegurado de que cada uno de mis familiares ha entendido lo que va a ocurrir y cómo va a ocurrir. Y llega el momento; tengo miedo al dolor, a no poder respirar, a que no me puedan quitar el tumor, a morir en la operación. Pero allí está él, siempre a mi lado.

Me operan por la tarde y cuando despierto sólo atisbo una sonrisa, ya no es el Dr. González Rivas, es simplemente Diego; dice que todo ha salido bien. Me ha quitado el lóbulo inferior derecho del pulmón y el cáncer que me consumía. Esa misma noche la paso en planta, ¿y los dolores?, nada que no calme el paracetamol o los consejos de Ana, otro miembro indispensable del equipo que está pendiente de cuidarme y de tranquilizarme en cada momento. A la mañana siguiente estoy sentado en el sillón tomándome mi café. Las caras de mi familia y amigos lo dicen todo: es algo increíble. Parece que estoy soñando, puedo levantarme y andar, aunque no hace ni 24 horas que estoy operado.

En ese momento fui consciente de que Diego no es un médico normal. Diego vive por y para sus pacientes y no le pesa sacrificar sus últimas horas con su familia para venir a verme antes de irse a París. Es un hombre lleno de amor y empatía que transmite a sus pacientes humildad a la hora de explicar qué quiere hacer, cómo lo va a hacer y las posibles limitaciones; transparencia, tanto para el paciente como para los familiares, consiguiendo que todo el proceso sea comprensible y cercano y no generando falsas ilusiones, y finalmente, transmitiendo una gran generosidad al poner sus conocimientos y su tiempo al alcance de otros profesionales a nivel mundial, aunque en más de una ocasión haya tenido que luchar contra viento y marea, con el único objetivo de conseguir que los pacientes tengan el menor dolor posible durante su recuperación y haciendo posibles operaciones que por el sistema clásico se desaconsejaban realizar a los pacientes. Ese es concretamente mi caso, varios cirujanos torácicos me dijeron NO a la intervención, y gracias a Diego y a su equipo mi cirugía ha sido curativa.

 Tres días tras la operación y ya me ha dado el alta el Dr. Ricardo Fernández Prado, otro excelente miembro de este fabuloso equipo que integran la Unidad de Cirugía Torácica Mínimamente Invasiva (UCTMI), y mientras, Diego me hace el seguimiento diario vía WhatsApp. Ocho días después y ya estoy andado 2 kilómetros al día…¡Imposible es Nada!, así reza el título de su libro que desde ese momento se ha convertido en el mío de cabecera.

Artículo basado en hechos reales.