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La identificación y seguimiento de pacientes susceptibles de desarrollar cáncer para reducir tratamientos innecesarios y mejorar el pronóstico es la principal conquista que todos los científicos y médicos tienen en mente. Por suerte, en los últimos años se han obtenido grandes mejoras en algunos tipos de cáncer, como el de mama, próstata y colon.

En esta misma línea, también se han dirigido muchos esfuerzos hacia el adenocarcinoma de esófago (EAC), cuya tasa de supervivencia general a 5 años es inferior al 20%.

El grupo de Rebecca Fitzgerald, de la Universidad de Cambridge, acaba de publicar en Nature Medicine que el número de copias genómicas se puede utilizar como predictor del cáncer de esófago muchos años antes de que se produzca la transformación, ya que los tejidos normales no suelen presentar alteraciones en el número de copias. Fitzgerald et al. han recopilado 777 biopsias de 88 pacientes durante un período de hasta 15 años y realizado la secuenciación del genoma completo para comprender en qué se diferencian los pacientes que progresan de los que no progresan. Obviamente, es un descubrimiento muy importante porque permitirá discriminar qué metaplasias intestinales de todas las que ocurren en el esófago eventualmente se volverán malignas y metastatizarán, pero también permitirá el tratamiento temprano de pacientes de alto riesgo.