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Queremos compartir con vosotros el orgullo y la alegría que sentimos por el gran y tan merecido reconocimiento que ha recibido hoy el Dr. Mariano Barbacid, uno de nuestros mas queridos profesores del MOM.

La medalla Echegaray, el más alto galardón científico concedido por la Real Academia de Ciencias Exactas, Física y Naturales, ha sido entregada al Dr. Mariano Barbacid en la Sede de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la mano de S.M. Felipe VI.

El nombre del Dr. Barbacid se encuentra ahora en una corta lista de tan sólo 16 galardonados en la que podemos encontrar otras eminencias como Santiago Ramón y Cajal y Margarita Salas, lo que convierte a esta medalla en un reconocimiento muy especial y un gran honor.

A pesar de ser uno de los más grandes científicos españoles de todos los tiempos, nos sorprende la gran cordialidad y sencillez con la que se presenta. Desde nuestro blog le agradecemos que nos haya dedicado unos minutos a pesar de lo complicado del día de hoy.

Le hemos preguntado al Dr. Barbacid cómo se siente uno cuando ha conseguido tantos logros, entre los que podemos destacar la creación del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (centro que en menos de diez años se convirtió en el centro de investigación de Europa con mas proyectos financiados por el Consejo de Investigación Europeo), y sobretodo, cuando se es reconocido con un galardón como el recibido hoy. El brillo en sus ojos no ha dejado ninguna duda en su respuesta: “Sigo teniendo la misma ilusión por investigar que cuando entré por primera vez en el laboratorio de David Vázquez, a quien considero mi maestro y mentor, él me enseñó el método científico. O cuando unos años después me apresuré a coger un Metroliner y presentarme un fin de semana en Nueva York en el laboratorio de Angel Pellicer para aprender las técnicas de transfección, que un par de años después hicieron posible el aislamiento de los primeros oncogenes humanos. O cuando a finales de los 80, tuve la osadía de adentrarme en el mundo de la neurobiología al descubrir que el oncogen TRK, era una forma mutada de los receptores de las neurotrofinas. Descubrimiento que nos dió pie para generar ratones que o bien no sentían dolor ni calor al eliminar de su genoma el receptor TRKA o no tenían propiocepción al eliminar TRKC”.

Pero lo más divertido ha sido cuando entre risas nos ha dicho: “puedo asegurar que continuaré investigando, por mucho que les pese a aquellos que han intentado enviarme a casa”. Aunque parezca impensable para nosotros, el Dr. Barbacid sigue considerando que su carrera está inacabada y nos asegura que va a seguir investigando “hasta el día que me quede sin recursos o sin neuronas” porque su objetivo principal sigue siendo el mismo que el de aquel joven que comenzaba su carrera: “salvar las vidas de aquellos pacientes independientemente del tumor que padezcan”.