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La reciente aprobación de pembrolizumab por la Comisión Europea como primera opción para el tratamiento del cáncer de pulmón no microcítico metastático (CPNM) con altas expresiones de PD-L1 en lugar de la quimioterapia, avala la importancia de los biomarcadores a la hora de elegir arma en el duelo contra el cáncer.

El pembrolizumab, comercializado desde hace tiempo como tratamiento de segunda línea bajo el nombre de Keytruda, es un anticuerpo monoclonal IgG4 humanizado que bloquea la interacción del receptor celular PD-1 con sus ligandos, PD-L1 y PD-L2. Este receptor se encarga de la inhibición de la respuesta inmune contra las células propias del cuerpo. En pacientes con cáncer, el bloqueo de este receptor permite al sistema inmune reconocer y destruir las células cancerígenas.

En agosto de 2016 se aprobó el tratamiento con pembrolizumab para pacientes con CPNM que previamente habían sido tratados con al menos un régimen de quimioterapia basándose principalmente en el ensayo clínico de fase 3: KEYNOTE-024. Los datos demostraron que Keytruda proporcionó una mejora significativa de la supervivencia en pacientes cuyos tumores expresaban elevados niveles de PD-L1 (superior al 50%). “Estos resultados que apoyan la aprobación, también justifican la realización de pruebas con biomarcadores con el fin de identificar a aquellos pacientes que tienen mayor probabilidad de beneficiarse del tratamiento con Keytruda” tal y como comentaba el Dr. Luis Paz-Ares, jefe del servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Doce de Octubre en Madrid, investigador clínico del CNIO y uno de nuestros profesores del MOM.

Podría decirse que los biomarcadores se están posicionando como nuestro maestro de armas en terapias dirigidas contra el cáncer.